Actividad #1133

Trabajar en equipo: coordinar aportes y revisar el proceso

Esta actividad tiene anexos, descargá la actividad para verlos.


Fecha de publicación

  • 29-06-2018

Habilidad/es

  • Relaciones interpersonales

Contenido

  • Participación
  • Responsabilidad y compromiso

Etapa/s escolar/es

  • Transición a la etapa postescolar
  • Transición entre ciclos de secundaria
  • Transición primaria - secundaria

Participantes

  • Alumno/a
  • Otros

Tipo de actividad

  • Grupal

Tiempo estimado

  • Más de 60 minutos

Espacio/s adecuado/s

  • Aula / Salón
  • Mesa de trabajo

Tipo de recurso

  • Imágenes
  • Otro

Material necesario

  • Copias de los Anexos 1
  • 2 y 3
  • Hojas
  • afiches o cartulinas
  • Marcadores
  • tijeras
  • pegamento y revistas o recortes
  • si están disponibles
  • Como alternativa
  • un documento o pizarrón digital colaborativo.

Apta virtual

  • Si
Objetivo

Practicar estrategias de trabajo colaborativo para alcanzar un objetivo común, reconocer qué conductas facilitan u obstaculizan la coordinación y utilizar evidencia del proceso para identificar fortalezas y definir un ajuste concreto para futuras tareas grupales.

Inicio de la actividad

¿Cuándo un grupo se convierte en un equipo?

Para comenzar, se presentan tres escenas breves: un grupo divide una tarea y cada persona trabaja por separado sin volver a comunicarse; otro grupo conversa mucho pero no define qué tiene que producir; un tercer grupo acuerda un objetivo, distribuye tareas y revisa lo realizado antes de entregar.

Se pregunta:

  • ¿En cuál de las escenas hay mayor coordinación? ¿Por qué?
  • ¿Dividir tareas alcanza para trabajar en equipo?
  • ¿Qué puede pasar si una sola persona toma todas las decisiones?
  • ¿Qué puede pasar si nadie asume la tarea de ordenar el proceso?

Se introduce una idea central: colaborar no significa hacer todo entre todas las personas ni repartir partes iguales. Significa coordinar aportes diferentes para alcanzar un objetivo compartido y poder revisar cómo está funcionando esa coordinación.

Desarrollo

Primera parte — Preparar el trabajo antes de empezar

Se forman equipos de cuatro o cinco integrantes y se entrega el Anexo 1 — Desafío: una campaña que se entienda. Cada equipo debe diseñar una pieza breve para comunicar una iniciativa escolar ficticia. Antes de producirla dispone de ocho minutos para organizarse.

Durante esa preparación debe acordar:

  • qué mensaje necesita comunicar;
  • a quién está dirigido;
  • qué criterios debería cumplir el producto;
  • qué tareas hay que realizar;
  • cómo se van a distribuir inicialmente;
  • cómo y cuándo van a revisar el avance.

No se asignan roles fijos como “líder”, “creativo” o “responsable”. El equipo puede distribuir funciones según la tarea y modificarlas si dejan de resultar útiles.

Segunda parte — Resolver y coordinar

El equipo dispone de 25 minutos para producir su propuesta. Puede utilizar hojas, marcadores, recortes o un soporte digital. A mitad del tiempo se entrega una modificación de la consigna: aparece nueva información que obliga a revisar una decisión.

La coordinación observa procesos, no personalidades. Puede registrar ejemplos de:

  • pedir o aportar información relevante;
  • hacer visible una dificultad a tiempo;
  • proponer alternativas;
  • recuperar una idea que no había sido considerada;
  • verificar si todas las tareas necesarias están cubiertas;
  • reorganizar el trabajo frente a un cambio.

Tercera parte — Mirar el proceso con evidencia

Después de terminar, se entrega el Anexo 2 — ¿Cómo trabajamos? En lugar de asignar una nota global a cada persona, el equipo identifica situaciones concretas que ocurrieron durante la tarea.

Se analizan cinco dimensiones:

  • objetivo compartido: el equipo comprendió qué tenía que lograr;
  • coordinación: se distribuyeron y ajustaron tareas de acuerdo con las necesidades;
  • comunicación: circuló la información necesaria y pudieron plantearse dudas o desacuerdos;
  • participación: hubo posibilidades reales de realizar aportes y las ideas pudieron ser consideradas;
  • revisión: el equipo comprobó el resultado y modificó algo cuando fue necesario.

Para cada dimensión se pide una evidencia: algo que se dijo, hizo o decidió. Esto evita convertir la reflexión en etiquetas como “soy bueno/malo trabajando en equipo”.

Cuarta parte — Una devolución que sirva

Cada equipo presenta brevemente su producción y explica una decisión de organización. Otro equipo ofrece una devolución utilizando el Anexo 3 — Observar sin etiquetar.

La devolución sigue esta estructura:

  • Observamos que…
  • La evidencia que vimos fue…
  • Eso ayudó / dificultó porque…
  • Una pregunta o alternativa que proponemos es…

No se evalúan simpatía, personalidad, liderazgo natural ni quién habló más. La devolución se concentra en acciones vinculadas con la tarea.

Quinta parte — Mi aporte y mi próximo ajuste

Como reflexión individual, cada persona elige una conducta propia que haya contribuido al trabajo y una situación en la que podría probar otra estrategia. La consigna distingue entre capacidad y conducta: que algo no haya ocurrido en esta tarea no permite concluir que la persona “no sabe trabajar en equipo”.

Cada persona completa:

  • Un aporte concreto que hice fue…
  • La evidencia es…
  • En un momento podría haber…
  • La próxima vez quiero probar…
Cierre
  • ¿Qué diferencia encontraron entre repartir tareas y coordinar?
  • ¿Qué hizo posible que aparecieran ideas diferentes?
  • ¿Qué pasó cuando cambió una condición de la consigna?
  • ¿Qué conducta del equipo sería útil transferir a una tarea escolar, comunitaria o laboral?

Para cerrar, se recupera que el trabajo en equipo no garantiza por sí mismo un buen resultado. Requiere condiciones, criterios y estrategias que pueden aprenderse, probarse y revisarse.

Recomendaciones para el tutor

• No utilizar la actividad para clasificar personas como líderes, colaborativas, pasivas o conflictivas. Observar conductas situadas y describir evidencia.
• Evitar que la distribución de tareas reproduzca automáticamente estereotipos de género, rendimiento escolar o habilidades supuestas.
• No equiparar participación con cantidad de intervenciones orales. Escuchar, sintetizar, registrar, verificar o producir también son formas de contribuir.
• Si una persona participa poco, no inferir falta de interés sin considerar la dinámica del grupo, la claridad de la tarea y las oportunidades reales de intervenir.
• No imponer que todas las decisiones sean por consenso. Según la tarea, el equipo puede acordar distintos procedimientos de decisión siempre que sean claros y legítimos.
• Intervenir si la dinámica incluye burlas, exclusión, hostigamiento o concentración sistemática de todas las decisiones en una sola persona.
• En la autoevaluación, reemplazar escalas globales de desempeño por ejemplos observables y próximos pasos concretos.
• No premiar únicamente el producto final. Recuperar también cómo se planificó, comunicó, revisó y adaptó el proceso.
• Retomar en una actividad posterior el ajuste individual elegido para observar si la nueva estrategia produjo algún cambio.

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