Actividad #1130

Competencias laborales: de las etiquetas a las conductas

Esta actividad tiene anexos, descargá la actividad para verlos.


Fecha de publicación

  • 29-06-2018

Habilidad/es

  • Responsabilidad y autonomía

Contenido

  • Planificación y proyecto de vida
  • Responsabilidad y compromiso

Etapa/s escolar/es

  • Transición a la etapa postescolar

Participantes

  • Alumno/a

Tipo de actividad

  • Grupal

Tiempo estimado

  • 45 minutos

Espacio/s adecuado/s

  • Aula / Salón
  • Mesa de trabajo

Tipo de recurso

  • Link a URL
  • Video

Material necesario

  • Copias de los Anexos 1
  • 2 y 3
  • Pizarrón y marcadores
  • Hojas o dispositivo para la reflexión individual
  • si se desea.

Apta virtual

  • Si
Objetivo

Comprender qué significa hablar de competencias en contextos de trabajo, distinguir competencias técnicas de habilidades transferibles y practicar la identificación de conductas observables y evidencias que permitan describir una experiencia sin recurrir a etiquetas personales.

Inicio de la actividad

¿Qué significa decir que alguien ‘tiene una competencia’?

Para comenzar, se presentan en el pizarrón tres afirmaciones: ‘sé usar una planilla de cálculo’, ‘trabajo bien en equipo’ y ‘soy responsable’. Se pregunta qué evidencia permitiría sostener cada una y si alcanza con afirmarla.

  • ¿Qué diferencia hay entre saber hacer una tarea específica y poder actuar de manera adecuada en distintas situaciones?
  • ¿Cómo podríamos reconocer una competencia sin convertirla en una etiqueta sobre la personalidad?
  • ¿Una competencia se demuestra de la misma manera en todos los contextos?

Se introduce una definición de trabajo: una competencia integra saberes, habilidades y formas de actuar que se movilizan para resolver tareas en un contexto. Puede desarrollarse y necesita observarse a través de ejemplos concretos.

Desarrollo

Primera parte – Técnica, transferible o ambas

Se entrega el Anexo 1 – Clasificar y justificar. En equipos pequeños se analizan acciones vinculadas con distintas tareas: usar una herramienta específica, organizar información, explicar un procedimiento, coordinar una entrega, detectar un error, aprender un sistema nuevo o adaptar un mensaje a distintas personas.

Cada equipo decide si en cada caso predomina un conocimiento técnico, una habilidad transferible o una combinación de ambos. Lo importante es justificar la clasificación.

Se evita la división rígida entre competencias ‘duras’ y ‘blandas’: muchas tareas requieren simultáneamente conocimientos específicos, comunicación, análisis y organización.

Segunda parte – De la palabra general a la conducta observable

Se recuperan cinco dimensiones presentes en el material histórico: trabajo en equipo, capacidad de análisis, comunicación, responsabilidad/iniciativa y planificación/organización. Cada equipo recibe una dimensión y debe transformarla en conductas que podrían observarse.

Ejemplos:

  • Trabajo en equipo: compartir información necesaria, coordinar tareas, considerar aportes y revisar acuerdos.
  • Capacidad de análisis: separar un problema en componentes, comparar información, reconocer relaciones y justificar una conclusión.
  • Comunicación: expresar información con claridad, escuchar, hacer preguntas pertinentes y adaptar el mensaje a la situación.
  • Responsabilidad e iniciativa: cumplir acuerdos, comunicar dificultades a tiempo, identificar una necesidad y proponer un próximo paso pertinente.
  • Planificación y organización: definir un objetivo, ordenar acciones, estimar tiempos y recursos, hacer seguimiento y ajustar el plan.

Tercera parte – La misma competencia puede verse de distintas maneras

Se entrega el Anexo 2 – Casos para analizar. Los equipos leen situaciones breves de estudio, trabajo, comunidad y vida cotidiana. Para cada caso identifican qué conductas aparecen, qué competencia podrían evidenciar y qué información adicional necesitarían antes de concluir.

Se enfatiza que una conducta aislada no permite describir por completo a una persona. Por ejemplo, pedir ayuda puede ser una conducta pertinente de responsabilidad o planificación cuando evita un error; actuar sin consultar no es necesariamente iniciativa.

Cuarta parte – Encontrar evidencia en mi propia experiencia

Cada persona elige una experiencia real que pueda describir sin exponer información privada: un proyecto escolar, actividad deportiva, tarea de cuidado, voluntariado, emprendimiento, participación comunitaria, trabajo remunerado o no remunerado, producción personal u otra situación.

Se entrega el Anexo 3 – Una experiencia, una evidencia. La secuencia es:

  • Situación: ¿qué había que hacer?
  • Acción: ¿qué hice concretamente?
  • Criterio o decisión: ¿por qué actué de esa manera?
  • Resultado o evidencia: ¿qué ocurrió o qué información mostró si funcionó?
  • Aprendizaje: ¿qué mantendría o ajustaría en otra situación?

La actividad no exige que todas las experiencias provengan de empleos formales. El objetivo es aprender a describir acciones y aprendizajes de manera precisa.

Quinta parte – Competencias que se desarrollan

En parejas, y solo si desean compartir la experiencia elegida, se practica una devolución breve. La otra persona no asigna una competencia como diagnóstico; formula una hipótesis basada en evidencia: ‘En este ejemplo se observa…’ y explica qué acción sostiene esa lectura.

Luego cada persona elige una habilidad que quiera seguir desarrollando y define una situación concreta en la que podría practicarla.

Cierre
  • ¿Qué diferencia hay entre decir ‘soy responsable’ y describir una conducta responsable?
  • ¿Por qué una misma conducta puede tener distinto significado según el contexto?
  • ¿Qué competencias pueden desarrollarse fuera de un empleo formal?
  • ¿Qué cambia cuando pedimos evidencia antes de atribuir una competencia?

Como cierre individual, cada persona completa:

  • Una competencia que hoy puedo sostener con un ejemplo es…
  • La evidencia concreta es…
  • Una habilidad que quiero seguir desarrollando es…
  • Una situación en la que podría practicarla es…
Recomendaciones para el tutor

• No utilizar la actividad como test de empleabilidad ni como evaluación de quién está o no preparado para trabajar.
• Evitar clasificar a las personas mediante rasgos fijos. Describir conductas observables, contexto y evidencia.
• No jerarquizar automáticamente las competencias técnicas sobre las transferibles, ni a la inversa. Su relevancia depende de la tarea.
• Evitar la oposición rígida entre habilidades ‘duras’ y ‘blandas’. Puede mencionarse como vocabulario frecuente, aclarando sus límites.
• No presentar una lista de competencias demandadas por ‘las empresas’ como universal. Los requerimientos varían según sector, puesto, organización, territorio y momento.
• No exigir experiencia laboral formal. Muchas habilidades pueden desarrollarse y evidenciarse en experiencias educativas, familiares, comunitarias y personales.
• Distinguir iniciativa de impulsividad y responsabilidad de obediencia. Preguntar por el propósito, las condiciones y las consecuencias de la conducta.
• En las devoluciones, pedir siempre una evidencia concreta y evitar inferencias sobre personalidad, potencial o valor personal.
• No depender de videos o presentaciones externas. Si se incorporan, deben ser complementarios y estar actualizados.

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